Por Lic. César Fragoso Asesor inmobiliario
Han comenzado a circular en distintos espacios mediáticos y empresariales anuncios sobre proyectos inmobiliarios que podrían ser desarrollados en República Dominicana utilizando modelos de tokenización.
Para muchos, esto representa el ingreso del país a una nueva era de inversión digital; para otros, despierta dudas legítimas sobre la seguridad, la legalidad y la sostenibilidad real de este tipo de esquemas.
Como profesional con más de 35 años de experiencia en el sector inmobiliario dominicano, considero necesario aportar una mirada equilibrada: ni alarmista, ni ingenuamente optimista, sino basada en la realidad del mercado, en la experiencia acumulada y en la responsabilidad que merece el patrimonio de las personas.
Una nueva forma de captar capital
La tokenización inmobiliaria se presenta como un mecanismo moderno para financiar proyectos de construcción. En teoría, permite dividir un proyecto en miles de participaciones digitales, facilitando que pequeños inversionistas aporten capital desde cualquier parte del mundo a cambio de un porcentaje de los beneficios futuros.
Desde el punto de vista financiero, la idea tiene lógica:
· Amplía la base de inversionistas
· Facilita la captación de capital
· Reduce barreras de entrada
· Conecta proyectos locales con inversionistas globales
En un país como República Dominicana, que históricamente ha dependido de inversión extranjera directa para el desarrollo turístico e inmobiliario, este modelo podría representar una herramienta interesante si se maneja con profesionalismo.
El problema no está en el concepto, sino en cómo se implementa.
La diferencia entre innovación y especulación
En bienes raíces, la experiencia enseña una lección clara: cuando una inversión se presenta como demasiado fácil, demasiado rápida o demasiado rentable, conviene detenerse y analizar.
En ese sentido, antes de comprar el primer token, vale la pena preguntarse:
· ¿Quién es el propietario real del terreno?
· ¿Está el título depurado?
· ¿Existe una estructura legal que respalde a los inversionistas?
· ¿Qué derechos reales adquiere quien compra un token?
· ¿Qué sucede si el proyecto no se construye?
· ¿Quién responde ante un incumplimiento?
La tecnología blockchain puede registrar transacciones con gran precisión, pero no sustituye el sistema jurídico inmobiliario dominicano, ni las leyes que rigen la propiedad, los contratos y la protección del consumidor.
Un token digital, por sí solo, no garantiza propiedad real sobre un inmueble si no está respaldado por documentos legales claros y ejecutables ante los tribunales dominicanos.
El riesgo de repetir errores del pasado
Nuestro país ya ha vivido experiencias dolorosas con esquemas de inversión mal estructurados: proyectos que nunca se construyeron, preventas sin respaldo, desarrollos que colapsaron por falta de planificación o por mala fe. La historia inmobiliaria dominicana nos ha enseñado que cuando la regulación no acompaña la innovación, el perjudicado suele ser el pequeño inversionista.
La tokenización, mal utilizada, podría convertirse en una versión moderna de viejos problemas: promesas atractivas, lenguaje técnico incomprensible para el público y falta de garantías reales.
Por eso, antes de celebrar la llegada de estos modelos como si fueran la solución definitiva al financiamiento inmobiliario, es necesario exigir transparencia, marco legal claro y responsabilidad empresarial.
El papel de las autoridades y de los profesionales
Si la tokenización inmobiliaria va a formar parte del futuro del sector en República Dominicana, entonces debe involucrar activamente a:
· El Estado y sus organismos reguladores
· El sistema financiero
· El sector legal especializado
· Las asociaciones inmobiliarias
· Los desarrolladores serios
· Los asesores profesionales
No se trata de frenar la innovación, sino de ordenarla. La modernización del sector es positiva, pero debe construirse sobre bases sólidas. De lo contrario, el riesgo reputacional para el mercado inmobiliario dominicano podría ser considerable, tanto a nivel local como internacional.
También recae sobre los profesionales del sector una responsabilidad ética fundamental: educar al público, explicar con claridad los alcances reales de estos modelos y advertir sobre los riesgos cuando corresponda. Callar frente a posibles irregularidades nunca ha sido una buena estrategia para la salud del mercado.
Una oportunidad que puede ser real… si se hace bien
Dicho esto, también es justo reconocer que la tokenización bien estructurada podría aportar beneficios reales al desarrollo inmobiliario dominicano. Podría facilitar el financiamiento de proyectos turísticos sostenibles, permitir mayor participación de la diáspora dominicana en inversiones locales y abrir nuevas vías de crecimiento para desarrollos bien planificados.
Pero esa oportunidad solo será legítima si descansa sobre tres pilares fundamentales:
1. Seguridad jurídica real
2. Transparencia absoluta en la estructura del proyecto
3. Educación clara para el inversionista
Sin estos elementos, cualquier esquema —por moderno que parezca— se convierte en una apuesta peligrosa.
Reflexión final
La tecnología avanza y el sector inmobiliario no puede quedarse al margen de esa evolución. Pero en bienes raíces, como en la vida, la innovación nunca debe ir más rápido que la ética ni más lejos que la ley.
La tokenización inmobiliaria puede ser una herramienta interesante para el futuro del desarrollo en República Dominicana, pero su implementación debe hacerse con cautela, con regulación, con profesionalismo y, sobre todo, con respeto al dinero y al sueño de quienes confían sus ahorros en un proyecto.
Porque al final, más allá de plataformas, tokens o tendencias, el verdadero valor del sector inmobiliario sigue siendo el mismo: la confianza. Y esa confianza se construye con seriedad, no con promesas atractivas sin fundamento.